ELENA.
En un pequeño municipio de Nicaragua
vivía una joven, de veintiún años, llamada Elena, quien quedó huérfana, luego de perder a sus padres en un accidente en el que sólo ella sobrevivió. Esta
tragedia la dejó inválida, sin una de sus piernas, lo que la hizo pasar, al
inicio, por situaciones muy difíciles.
Duró un tiempo en silla de ruedas. En los primeros meses de su invalidez,
creyó que no iba a ser útil en nada; pero más tarde, con el apoyo de sus amigos y
médicos del hospital, logró ponerse una prótesis; lo que la hizo sentirse muy contenta, pues esto le permitió tener más
capacidad para movilizarse y servir a
los demás.
Ingresó a la universidad para
estudiar lo que siempre soñó: psicología clínica. Durante sus estudios conoció
a una joven de su misma edad, quien
mostraba admiración por la fortaleza espiritual de Elena.
Cierto día ésta le preguntó:
-
¿Cómo
haces, Elena, para vivir así?
-
¿Cómo así?
–preguntó Elena.
-
La
joven muy convencida y aunque un poco grosera, respondió:
-
Siempre
te muestras alegre, amable y con muchas ganas de vivir, a pesar de no
tener a tus padres y así con tus
dificultades.
- Los golpes de la vida me han
hecho más fuerte – respondió Elena.
-
Mira yo lo tengo todo – prosiguió la joven -
buenas condiciones, vivo con
mis padres, aunque casi nunca los veo y debido a su arduo trabajo, ni me atienden, pero ahí están; además
cuento con mis hermanos y amigos. Como ves mi cuerpo está completo, incluso sé
que soy bonita; pero con todo esto, ¿sabes?, tengo un gran vacío. Me siento horriblemente
incompleta y hasta he llegado a considerarme
una “buena para nada”.
Elena se dio cuenta de que su amiga
estaba en crisis y que requería ayuda. Sabía que necesitaba de alguien
en quien confiar y desahogar su tensión; por lo cual decidió llevarla a un
salón de la universidad donde, por primera vez y a la mitad de su carrera,
llevó a la práctica sus conocimientos. Por treinta días consecutivos, sin
desfallecer, Elena estuvo pendiente de su amiga, dándole la atención
profesional que necesitaba.
Las terapias de relajación, y los buenos consejos de Elena, mejoraron
considerablemente a la joven, lo que la llevó a tener más tranquilidad consigo misma y a establecer una mejor relación y
comunicación con sus padres.
La joven agradeció a Dios por haber
conocido a Elena, una amiga de la cual aprendió mucho; sobre todo a
reconocer el valor de la vida.
Elena demostró, con su ejemplo, cuánto provecho se puede obtener de la vida, siempre que
haya entusiasmo y fuerza de voluntad
para luchar por lo que se quiere, sin
importar los obstáculos.
Elena logró graduarse con honores y
ser, más tarde, una de las mejores especialistas de su comunidad, sobre
todo por su altruismo y paciencia con
los demás.
AUTORAS:
Leomarys del Carmen Centeno Castrillo
Sara Vaneza Hurtado Miranda
María Carolina Reyes Téllez
¡Bonita historia!. Todo lo podemos lograr con esfuerzo y que bueno poder usar nuestras habilidades y conocimientos para ayudar a otros.
ResponderBorrar¡Felicitaciones¡ Muy buen texto. La historia está muy bonita por el mensaje que transmite.
ResponderBorrarBuena historia chicas me gusta la temática con que la redactaron... ¡Felicidades1
ResponderBorrarUna historia que da mucho en que pensar ,pues no todos los jovenes tenemos la fuerza de voluntad que tenia Elena,gracias por compartirla. ¡Buen trabajo!.
ResponderBorrarfelicitaciones! es un texto de mucha reflexión, ya que siempre debemos tener un autoestima positivo. Y debemos ser fuertes ante cualquier problema.
ResponderBorrarEs un texto que deja una gran enseñanza para todas las personas para que no se aflijan por cualquier problema sino que lo superen y triunfen siempre.
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