miércoles, 13 de agosto de 2014

Cuento Julieta camino a la escuela



Julieta camino a la escuela
 

Érase una vez una niña llamada Julieta, alegre y muy humilde. Tenía diez  años, aunque no los aparentaba, pues era muy pequeña de estatura.  Sus brazos  eran cortos,  sus piernas, muy ligeras; su pelo, negro y sus ojos, café. Iba vestida a la escuela con su ropa azul y blanco, tras su espalda cargaba su pesada, pero muy querida mochila. Le gustaba mucho dibujar para su familia y amigos.
Julieta había nacido en un pueblo muy pequeño, pero muy bonito,  llamado  Catarina.
Un  día, camino a la escuela, algo muy terrible le sucedió; un desconocido la detuvo para preguntarle sobre una dirección. Cuando Julieta, cortésmente,  le respondía  el desconocido, con mucha furia, le arrebató  la mochila.
Gracias a Dios el maleante  no lastimó a Julieta, pero el nervio se apoderó  tanto de ella que olvidó  el camino a su casa. Se sintió  tan confundida  que decidió pedirle ayuda a una anciana  que iba por la calle; ésta la condujo hasta su hogar.
Julieta, muy asustada,  no dejaba de llorar e incluso sentía mucho pesar por la pérdida de su mochila, pues se la  había regalado su  tío Lupe, a quien ella quería mucho. Tanto temor le quedó a la pequeña que por un buen tiempo dejó de asistir a la escuela.
 Días después de lo sucedido, el  tío de Julieta andaba de compras en  ese pueblo; ya iba de regreso a casa,  cuando, de pronto,  un desconocido  le ofreció vender una  mochila. Lupe  reconoció que era la mochila  que él había regalado  a la pequeña Julieta, por lo que muy enojado, dijo al maleante:  –Yo no te compraré nada, porque esa maleta que vendes es robada y a propósito es mía.
El maleante se negó a entregarla, y quiso  huir, pero  el tío Lupe que  era  muy  fuerte, lo   sujetó    por el  cuello y le obligó a entregar la mochila.
El   tío  Lupe, muy contento, no pensó dos veces  en    entregarle a su sobrina aquel objeto que tanto amaba y que representaba para él  y ella, una muestra más del cariño filial que los unía.
Finalmente,  el tío Lupe, aprovechó el momento  para aconsejar  a Julieta  sobre que no debía confiar en cualquier persona, mucho menos en desconocidos y que camino a  la escuela debía procurarse la compañía de sus maestros o amigos y nunca viajar sola.
Julieta con los buenos consejos de su tío recuperó  el valor y continuó  asistiendo a su escuela.


AUTORAS:
Elsa María Vargas Mejía
Miriam Sebastiana Méndez Sequeira
Danelia Yanira González Amador

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